EL DEDO


Un discípulo se quejaba de la costumbre que tenía el Maestro de echarle abajo sus más preciadas creencias.

Y le dijo el Maestro:
- Lo que hago es prenderle fuego al templo de tus creencias para que, cuando haya quedado destruído, tengas una perfecta visión del cielo inmenso y sin límites.

El Maestro se había propuesto destruir sistemáticamente toda doctrina, toda creencia y toda noción de la divinidad, porque estas cosas, originariamente pensadas para servir de puntos de referencia, se estaban tomando como auténticas descripciones.

Y le gustaba citar el dicho oriental:
- Cuando el sabio señala con el dedo a la luna, lo único que ve el idiota es el dedo.